viernes, 22 de agosto de 2014

Elegía y memoria (Madre)


Perdí el hilo secreto, conductor de mi alma,
soliloquio en voz alta por vestir tanta ausencia.
Ramas frondosas, verdes, (que ayer fueron vitales
y que ahora no reconozco) huyeron a otra orilla.
Desde mi pecho roto lentas lágrimas caen.
La acabó su abandono, su no querer vivir,
su voluntad partida, (transparentes añicos,
espacios sin palabras, deteriorado velo
que ya el silencio cubre y esconde en sus cenizas).
Sus latidos pararon, los míos van muy lentos,
me cuesta respirar junto al sillón vacío.
Con la luna la he visto, creciente luz remota.
Siento su compañía en noches solitarias.


Instante


Este instante tejido de silencios y augurios,
aquí, bajo este palio donde hay tantas estrellas,
prende recuerdos rotos de noches y de olvido
y echa a arder la conciencia de lo que un día fue.
Pienso bajo su luz por qué la soledad,

por qué estamos solos, desnudos e irredentos.

Lluvia



Cae la lluvia con fuerza sobre los rododendros
y bajan sus corolas hasta el suelo del patio;
se despierta un aroma, sabe a tierra mojada,
armónico timbal que suena en mis sentidos,
cortina de agua cósmica que en charcos se resuelve.
Qué soledad de pájaros, de pasos por la calle
y de ojos que se anegan por falta de ilusión.
Agua que purifica y salva el alma rota.
Cuando escampa después  un cielo azul se ensancha,
y la tierra relincha como una yegua próvida.